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lunes, 24 de septiembre de 2018

Por qué la gran diosa Atenea renuncia al amor


La escritora Patricia Sánchez-Cutillas, desde su canal de youtube, nos interpreta la leyenda de Atenea.
Patricia Sánchez-Cutillas es autora de las novelas La voz empedrada y La isla de la nada, de los libros de escritura creativa Taller de escritura y magia, Mitología para curiosos, ¿Qué es un buen cuento?, ¿Te gusta escribir? y Taller de escritura con Virginia Woolf. Y de los oráculos literarios Litarot y El oráculo de los cuentos de hadas.






domingo, 26 de noviembre de 2017

Lo que las paredes cuentan






Hola,
Me es grato comunicarte que mi relato Lo que las paredes cuentan, ha quedado finalista en el III Premio de Literatura Erótica Válgame Dios. En estas fotos aparezco con la ganadora y las otras finalistas en la fiesta de entrega de premios. La editoria lo ha publicado con el seudónimo Las ménades. En la próxima edición ya sale mi nombre. El libro se llama El pequeño Courbet y otros cuentos.


miércoles, 8 de marzo de 2017

MI APORTACIÓN EN LA LUCHA CONTRA LOS MALOS TRATOS


Hoy Día Internacional de la Mujer os pongo aquí el comienzo de mi novela "La voz empedrada". Está basada en el maltrato machista y en las dificultades que puede encontrar una mujer maltratada con la justicia. Mi pequeña aportación como escritora contra los malos tratos:



Si quieres matar al juez González Resadas, tendrás que dejar pronto al niño en la guardería alrededor de las nueve y media de la mañana. El juez toma café todos los miércoles a las diez en punto en un bar de la plaza de Castilla junto a la boca de Metro. Sabes que no hay transporte mejor en Madrid que el público, sobre todo cuando se tiene que asesinar a alguien. Coges el azucarillo y lo introduces en el bolso. Tienes que sacar al niño del triciclo y ponerle la camiseta. Se resiste, como todas las mañanas, y te enfadas. Aún así a las nueve y media en punto el niño ya está en la guardería. La línea azul siempre te ha parecido triste. Sobre todo a partir de Cuatro Caminos, cuando la muchedumbre de pasajeros se depura y solo quedan entre los oficinistas algunos delincuentes misérrimos que se dirigen a los juicios. Esperas un poco a unos metros de la cafetería, junto al quiosco de la Once. Enseguida lo divisas, acompañado, como no, de una veinteañera con mechas embutida en un traje de chaqueta, y se meten en el local. Entras. La cafetería está llena de gente, hace calor y se oye bullicio. Ves cómo la frente mezquina del juez navega sobre las cabezas, más que por alta por erguida, y llega en pocas brazadas a la barra. Allí se abre sitio y su acompañante se coloca a su izquierda. Tú también te haces sitio en la barra y te colocas a la derecha de la pareja. Te apresuras para que te den antes que a ellos un café con leche, que enseguida te ponen sobre la barra. El juez pregunta algo a la chica y, obviamente, es él quien habla con el camarero. Al cabo de un minuto les han puesto sobre la vitrina dos tazas, una con café con leche y otra, la de él, de café solo. Café amargo, piensas, como tus sentencias. 

Él te da la espalda para hablar o impresionar a su acompañante. Le cambias su azucarillo por el que acabas de sacar del bolso. Él no se da ni cuenta, tan entretenido está en escucharse a sí mismo. Pasa la taza correspondiente a la joven sin dejar de hablar. Luego coge su café, rasga el papel del sobre y vierte su contenido. Tú decides en ese momento que, a pesar de todo, disfrutarás del desayuno. La ola de calor de estos días no justifica el uso de tus guantes blancos. Pero la elegancia de tu conjunto verde de loewe, un tanto extravagante, los hace posibles. Cuando ves que el juez tira el azucarillo vacío a la papelera, te agachas para cogerlo y metértelo rápidamente en el bolso. Aprovechas que lo tienes abierto para guardar tu taza y tu cuchara en la bolsa de plástico que guardas dentro. El camarero no se ha dado cuenta. El juez empieza a beber su desayuno. Ves cómo lo apura en casi un único trago, sonríes y te diriges a la salida. El tumulto no parece reparar la atención en ti. De repente alguien chilla. Te vuelves y miras hacia la barra. La frente mezquina del juez ya no está y la veinteañera mira, asustada, al suelo. Los parroquianos pierden de repente la alegría y se oye el rumor de una sola pregunta entre los distintos grupos: ¿Qué ha pasado? Tú, desde la puerta, sonríes y te diriges al Metro. Si te das prisa, podrás hacer la compra.
—El relato corto es restar —miré a todos lo que me escuchaban—. Concebir una sola idea y ejecutarla. No tenéis que desparramaros con las descripciones ni ahondar en vuestros sentimientos. Eso hay que suprimirlo. Como decía Pardo Bazán, el relato es un dardo que va directamente a la diana. Los alumnos seguían silenciosos mientras tomaban apuntes. Solo llevaban un par de clases del intensivo de verano y aún no se atrevían a opinar. —Es como la vida.


La voz empedrada, Patricia Sánchez-Cutillas

martes, 29 de noviembre de 2016

Acertijo literario noviembre 2016



ACERTIJO LITERARIO

Le encanta el agua.
Se emancipó muy pronto.
Sufrió bullying.
Intentó entender a una gallina y a un gato.
De pequeño fue muy desgarbado y en su juventud muy bello..
Tiene un problema de identidad. Sabe lo que no es, pero no sabe quién es.
Todo empezó porque un huevo rodó y cayó en el nido equivocado.

Creado por Patricia Sánchez-Cutillas.
La solución está al final de la página.



SOLUCIÓN: El patito feo

domingo, 20 de noviembre de 2016

Acertijo literario noviembre de 2016

ACERTIJO DEL LITAROT

Le quitó el novio a su hermana mayor.
Tuvo una bronca impresionante porque se puso un vestido de color verde.
Su abuela está loca y se pasea con un corderito por la casa.
Le tocó una de las peores madres de la literatura.
La intentaron encerrar en su casa durante ocho años.
Su madre le pegó un tiro errado a su amante.
Su segundo apellido es parecido a la palabra aurora.


La solución está al final de la página.



http://www.talleresdeescrituracreativa.es
patricia@talleresdeescrituracreativa.es



SOLUCIÓN AL ACERTIJO: Adela, de La casa de Bernarda Alba.
Creado por Patricia Sánchez-Cutillas

jueves, 13 de octubre de 2016

ACERTIJO LITERARIO NOVIEMBRE2016


http//www.litarot.es
 ACERTIJO LITERARIO

Apolo le puso orejas de burro por su mal oído musical.
Aunque es rey se peina como la Dama de Elche
Le pidió a Dionisios un deseo que le convirtió en rico y desgraciado.
Solidificó a su hija.
Mató a su barbero.
La comida y el agua se vuelven valiosísimas en sus manos.
Todo lo que toca sufre una transformación.











SOLUCIÓN. El rey Midas.
Copyright Patricia Sánchez-Cutillas

patricia@talleresdeescrituracreativa.es

lunes, 12 de septiembre de 2016

Clarice Lispector, la escritora que no quiso ser solo esposa

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Chaiuya Pinkhasovna Lispector, conocida como Clarice Lispector, de origen judío, nació en Ucrania el 10 de diciembre de 1920 y murió en Río de Janeiro en 1977. Es considerada una de las más importantes escritoras brasileñas del siglo XX.
Ella misma definió su manera de escribir como un no estilo. Escribió relatos, novelas, libros infantiles, poemas. Pertenece a la generación brasileña del 45 y a la tercera fase del modernismo.

Cuando era niña vivió una tragedia familiar: su madre murió de sífilis. La había contraído por haber sido violada por soldados rusos.

En 1939 Clarice comenzó a estudiar Derecho y también a escribir para revistas y periódico. A los 21 años publico Cerca del corazón salvaje.

Siendo estudiante se casó con un diplomático del que se separó en 1959. Se sentía encasillada en lo que tenía que ser por entonces la vida de una esposa.


Cuando aún era una estudiante, conoció a su futuro marido, el diplomático Maury Gurgel Valente. Durante el matrimonio se sintió encasillada en lo que tenía que ser por entonces la vida de una esposa.Por el trabajo de su marido, tuvo que viajar bastante. Tenía que llevar una vida social muy intensa. A veces no tenía tiempo ni para leer ni para escribir nada en un mes. Ella definió la vida de diplomática como una larga tarde de domingo. En algunas cartas a amigos, ella misma escribió:
En todo este mes de viaje, no he realizado nada, ni leído, ni nada. Soy completamente Clarice Gurgel Valente.
¿Has visto como un toro cansado se transforma en buey

Se separó de él en 1959.

En 1963 publicó la que es considerada su obra maestra, La pasión según G.H., escrita en tan solo algunos meses.

En 1966 tuvo un accidente que influyó el resto de su vida. Se quedó dormida con un cigarrillo en la boca a altas horas de la madruga y esto provocó un incendió que quemó todo su cuarto. Los médicos estuvieron a punto de amputar su mano derecha, aunque al final no fue necesario pero no recuperó la movilidad.
En la época de los sesenta publicaba una columna de consejos femeninos en la revista Sólo para Mujeres, aunque ella era una mujer que no se manejaba bien como ama de casa. Su hijo, Paulo Gurgel, nos deja este testimonio:


La recuerdo con una máquina de escribir en su regazo, tecleando absorta en medio del salón principal de la casa entre los ruidos de los niños, el teléfono o la empleada. Por tanto, no tenía nada de escritora maldita que necesitaba aislarse del mundo para encontrar la inspiración.

Esta es una de sus reflexiones sobre el acto de escribir:

Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.

¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor.
No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible.

Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.


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viernes, 3 de junio de 2016

La Sheriff literaria, Pájaros ciegos

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Abrimos la sección de reseñas. Nuestra colaboradora, La Sheriff Literaria nos da su valoración de la novela Pájaros muertos.

Las sheriff literaria recorre solitaria las vastas llanuras de Google, Opera, Mozilla, Chrome y demás; los infinitos estantes de las bibliotecas y las mesas concupiscentes de las librerías. Olfatea las tramas, denuncia el plagio, lucha contra la desigualdad, escarnece la mediocridad mercantilista y sigue a su intuición hasta dar con los tesoros literarios que se puede encontrar solo en algunos libros. Odiada por algunos y querida por aquellos que buscan la calidad literaria, su lucha más encarnizada es contra la desigualdad y el olvido de una especie que ha existido durante siglos escondida en la sociedad; una especie ninguneada, vapuleada, asesinada por la inquisición, quemada por bruja, repudiada, sobrecargada de trabajo para no tener ni un momento en la vida para estar consigo misma, acusada de tonta, de débil y, a veces, maltratada. La especie de: la escritora.


Pájaros ciegos, de Ursula Poznanski

468 páginas. Con 100 páginas menos sería una novela estupenda.
Esta historia está bien para entretenerse. Una novela policíaca protagonizada por la inspectora Beatriz Kaspary. Cumple todos los requisitos para ser una super mujer: policía y madre, le encanta su trabajo, su ya ex marido tienes celos por su dedicación al trabajo y la intenta manipular y que se sienta culpable. Algo que afortunadamente no ocurre, y su compañero de trabajo, que debe de ser bastante atractivo, Florín, empieza a echarle sutilmente los tejos. El marco, bien, entretenido.

La historia, que ocurre en Salzburgo, trata sobre un grupo de facebook amante de la poesía. Lo más interesante, más que la trama, es la dinámica del grupo de y sus mensajes a través del lenguaje encriptado de la poesía y el visual de la fotografía. Me han gustado las luchas por el protagonismo y las competencias entre ellos. La mayoría del grupo acaba conociéndose en un entierro

En cuanto a la trama, puntos interesantes, pero con demasiados ingredientes para mi gusto. La historia se remonta muy atrás y entronca con la guerra de los Balcanes. Algo reivindicativo, solidario y, por tanto, encomiable, pero al lector le resulta un tanto sospechosa esa segunda historia tan sumergida, sin apenas indicios a lo largo de la novela. Un lector avispado no la acaba de intuir. El argumento pide menos ingredientes en la trama y más psicología en los personajes.
De todos modos, se puede recomendar para el verano, sobre todo para viajes de tren o de largas esperas de aeropuerto.

La Sheriff Literaria

sábado, 7 de mayo de 2016

La voz empedrada, novela sobre el maltrato machista

Hola, os pongo el comienzo de mi novela La voz empedrada por si queréis leer alguna líneas en esta tarde de sábado. Es una novela negra ambientado en un taller de escritura y, a la vez, una denuncia contra el maltrato sexista.



LA VOZ EMPEDRADA


Si quieres matar al juez González Resadas, tendrás que dejar pronto al niño en la guardería alrededor de las nueve y media de la mañana. El juez toma café todos los miércoles a las diez en punto en un bar de la plaza de Castilla junto a la boca de Metro. Sabes que no hay transporte mejor en Madrid que el público, sobre todo cuando se tiene que asesinar a alguien. Coges el azucarillo y lo introduces en el bolso. Tienes que sacar al niño del triciclo y ponerle la camiseta. Se resiste, como todas las mañanas, y te enfadas. Aún así a las nueve y media en punto el niño ya está en la guardería. La línea azul siempre te ha parecido triste. Sobre todo a partir de Cuatro Caminos, cuando la muchedumbre de pasajeros se depura y solo quedan entre los oficinistas algunos delincuentes misérrimos que se dirigen a los juicios. Esperas un poco a unos metros de la cafetería, junto al quiosco de la Once. Enseguida lo divisas, acompañado, como no, de una veinteañera con mechas embutida en un traje de chaqueta, y se meten en el local. Entras. La cafetería está llena de gente, hace calor y se oye bullicio. Ves cómo la frente mezquina del juez navega sobre las cabezas, más que por alta por erguida, y llega en pocas brazadas a la barra. Allí se abre sitio y su acompañante se coloca a su izquierda. Tú también te haces sitio en la barra y te colocas a la derecha de la pareja. Te apresuras para que te den antes que a ellos un café con leche, que enseguida te ponen sobre la barra. El juez pregunta algo a la chica y, obviamente, es él quien habla con el camarero. Al cabo de un minuto les han puesto sobre la vitrina dos tazas, una con café con leche y otra, la de él, de café solo. Café amargo, piensas, como tus sentencias. Él te da la espalda para hablar o impresionar a su acompañante. Le cambias su azucarillo por el que acabas de sacar del bolso. Él no se da ni cuenta, tan entretenido está en escucharse a sí mismo. Pasa la taza correspondiente a la joven sin dejar de hablar. Luego coge su café, rasga el papel del sobre y vierte su contenido. Tú decides en ese momento que, a pesar de todo, disfrutarás del desayuno. La ola de calor de estos días no justifica el uso de tus guantes blancos. Pero la elegancia de tu conjunto verde de loewe, un tanto extravagante, los hace posibles. Cuando ves que el juez tira el azucarillo vacío a la papelera, te agachas para cogerlo y metértelo rápidamente en el bolso. Aprovechas que lo tienes abierto para guardar tu taza y tu cuchara en la bolsa de plástico que guardas dentro. El camarero no se ha dado cuenta. El juez empieza a beber su desayuno. Ves cómo lo apura en casi un único trago, sonríes y te diriges a la salida. El tumulto no parece reparar la atención en ti. De repente alguien chilla. Te vuelves y miras hacia la barra. La frente mezquina del juez ya no está y la veinteañera mira, asustada, al suelo. Los parroquianos pierden de repente la alegría y se oye el rumor de una sola pregunta entre los distintos grupos: ¿Qué ha pasado? Tú, desde la puerta, sonríes y te diriges al Metro. Si te das prisa, podrás hacer la compra.


 —El relato corto es restar —miré a todos lo que me escuchaban—. Concebir una sola idea y ejecutarla. No tenéis que desparramaros con las descripciones ni ahondar en vuestros sentimientos. Eso hay que suprimirlo. Como decía Pardo Bazán, el relato es un dardo que va directamente a la diana. Los alumnos seguían silenciosos mientras tomaban apuntes. Solo llevaban un par de clases del intensivo de verano y aún no se atrevían a opinar. —Es como la vida. Todos tenemos que restar. Quien ha venido a Madrid ha restado su vida en otra ciudad u otro pueblo; quien ha venido a esta clase ha restado la de aeróbic u horas muertas de televisión. Cuando elegimos, restamos. Paco hojeó las fotocopias y comentó: —Yo pensé que los relatos eran más espontáneos, no tan técnicos. Enseguida todos le apoyaron. Todos los años me hacían el mismo comentario. —Borges es arte, pero también técnica. Os aseguro que de cada palabra que pone hay que sospechar, tiene un fin. Y ese fin es la doble historia. Todo buen cuento tiene dos historias. No solo se concentra sino que se duplica. Fijaos en este argumento: Loewenthal estafa a la fábrica, o por lo menos eso creen al principio los lectores; logra que no le acusen a él sino a Emanuel Zunz. Este, condenado y arruinado, se cambia el nombre y se suicida en la habitación de una pensión. Alguien se lo comunica por medio de una carta a su hija Emma, que es una obrera de la fábrica. Esta planea una venganza. No puede limpiar el nombre de su padre, no tiene dinero, ni medios, ni conocimiento. Lo que hace es encontrarse a solas con Loewenthal, matarlo y decir que la ha violado y que lo mató en defensa propia. Unas horas antes ha perdido la virginidad con un marinero que le repugna. Cuando llega el juicio habla con asco y con rabia de esa “violación”. Según Borges, verdadero era el tono, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios. Se acusa injustamente a alguien. Primero al padre de Emma por una estafa que no cometió. Pierde el honor y la vida. Luego Loewenthal, que es culpable de la estafa pero inocente de la violación, pierde el honor y la vida. La duplicación es la clave. Todos enmudecieron y solo se oyó el chisporroteo de la vela. Estaban llenos de dudas pero ninguno se atrevía a preguntarme. Quizá la clase fuera demasiado técnica. —Es como la vida. Solo entiendes lo que te pasa cuando ya estás al final de un ciclo. Es cuando entiendes que te has duplicado porque en realidad te han ocurrido las mismas cosas que en el pasado, o has cometido con distintas variantes el mismo error, o conoces a gente que le está pasando lo mismo que a ti. —Sí —la voz de Paco me interrumpió— en el relato les ocurre lo mismo a los dos. Pero el padre de Emma está limpio y muere pringado porque le han jodido bien. Loewenthal es un cabrón, pero un cabrón espabilado. Logra que acusen del robo al padre de Emma, le echa el muerto. Antes de morir, le va bien, está integrado. Se queda con la pasta y además, lo ascienden a gerente de la fábrica. Es lo que ocurre normalmente. Se coge al pringado, pero al delincuente de chaqueta y corbata, al elegante nunca le condenan. Alguien empezó a comentar algo sobre los políticos. —No empecemos que se nos va la clase. Tenéis que escribir un relato basado en la suplantación de un hecho, de un nombre o de una circunstancia.

La voz empedrada, Patricia Sánchez-Cutillas

patricia@talleresdeescrituracreativa.es
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domingo, 1 de mayo de 2016

El Día de la Madre

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La creadora del Día de la Madre

Se puede decir que la escritora Julia Ward Howe fue la creadora del Día de la Madre, que se celebra en casi todos los países del mundo aunque con distintas fechas. Julia lo hizo para promover la paz. Era feminista, sufragista y abolicionista y en 1870 escribió esta proclama del Día de la Madre. Aquí tenéis el poema que dio origen a la fiesta y que no tiene nada que ver con las celebraciones actuales.

"¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, ya sea su bautismo de agua o de lágrimas! Digan con firmeza: '’No permitiremos que grandes asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras apestando a matanzas, en busca de caricias y aplausos.


No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país para permitir que nuestros hijos se entrenen para herir a los suyos. ’’

Desde el seno de la tierra devastada, una voz se alza con la nuestra. Dice '¡Desarma! ¡Desarma!' La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión".

Así como los hombres a menudo han dejado arado y yunque por el llamamiento a la guerra, que las mujeres ya dejen todo lo que queda de su hogar para un día grande y serio de consejo. Que se reúnan primeramente, como mujeres, para conmemorar y llorar por los muertos. Que se aconsejen solemnemente de la manera en la que la gran familia humana pueda vivir en paz, cada uno llevando en su tiempo la impresión sagrada, no de César, sino de Dios.

"En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido solemnemente que sea designado un congreso general de mujeres, sin importar nacionalidad, y que se lleve a cabo en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales y la gran causa universal de la paz.


Taller de escritura creativa Patricia Sánchez-Cutillas

patricia@talleresdeescrituracreativa.es
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Julia Ward Howe, the original advocate for the holiday we know today as MotherJulia Ward Howe (1819-1910)

lunes, 11 de abril de 2016

Acertijo literario abril 2016


¿Quién es este personaje? 





Se parece al agua y a la luna.
Siempre dice la verdad.
Tiene telepatía.
Su dueña le hace todos los días la misma pregunta.
Es mágico.
Le contó a una reina dónde vivía su hijastra.


Solución al final de la página.

©Patricia Sánchez-Cutillas


Si quieres información, consulta http:www.talleresdeescrituracreativa.es
patricia@talleresdeescrituracreativa.es


Solución: El espejo de Blancanieves.

lunes, 4 de abril de 2016

Relato "La diosa de Romualdo", de Patricia Sánchez-Cutillas


Aquí tenéis un cuento mío que fue publicado hace unos añitos por la Junta de Andalucía. A ver si adivináis el final



LA DIOSA DE ROMUALDO



Me gusta ser la diosa de Romualdo. Hace ya diez años que vivimos juntos. Apareció un día en mi puerta por casualidad. No trajo nada consigo, ninguna señal de su anterior pasado, ningún nombre, dirección u objeto. Aún así, supe desde el principio que no era un cualquiera sino que, simplemente, la vida no se había comportado con él. Me hechizaron sus ojos azabaches, el aplomo melancólico de su mirada y la mansedumbre errada de su figura. Y le abrí la puerta para dejarlo entrar.
A pesar de su abandono, por su delicadeza al acercarse a mí, al apretar su cuerpo contra el mío, deduje que ya había vivido con otra mujer. Sin embargo, nunca dio muestras de echarla de menos. No sé qué habría pasado pero yo sabía que en su corazón no había ninguna nostalgia hacia mi predecesora.
Y esa total ausencia del ayer me hacía sentir como si solo hubiera existido yo, como si el hecho de haberle abierto la puerta fuera el de inculcarle vida para empezar a ser.
Por eso me fastidió tanto la intromisión de Rosana. Parecía que iba a poner en peligro mi condición de diosa, aunque, como más tarde me di cuenta, no hizo sino afianzarla.
Era la pelirroja del bajo. No sé qué tenía que, aunque no valía nada, se los llevaba a todos detrás. Para mí que era por su manera de menearse. Alguna vez mientras Romualdo y yo esperábamos al ascensor, llegaban Hilario y ella de dar una vuelta. Hilario siempre me pareció muy agradable y nos saludábamos intercambiando pequeños chismes de la vecindad. No nos dábamos cuenta de que, mientras tanto, los otros dos estaban embelesados. Cuando por fin Hilario se decidía a subir las escaleras hasta su rellano, Rosana lo seguía, y Romualdo se la comía con la mirada, casi jadeando. Y es que lo sabía hacer muy bien, la muy perra. Subía con mucha lentitud y esmero. Cada vez que se posaba sobre un escalón, inclinaba la cadera levemente hacia dentro, provocando una suave ondulación en la nalga, y un calambre en los ojos de Romualdo que lo hacía respirar aún más fuerte. Así, iba subiendo peldaño a peldaño y el otro se hubiera lanzado si no fuera por que yo estaba delante. Cuando llegaba al rellano, aprovechaba que Hilario estaba metiendo la llave en la cerradura para girar su cuello con suavidad hacia nosotros, con mucha lentitud, para darle tiempo a que apreciara el brillo de su pelo rojizo y las ondas que se formaban al moverse. Lo miraba un momento con fijación, con una especie de atrevimiento tímido, para seducirlo con esa mezcla de desprotegida fatalidad diluida en sus ojos infantiles, que tanto gusta a los que son tan sensibles como mi Romualdo. Y cuando íbamos subiendo en el ascensor, notaba yo que una nube de nostalgia lo circundaba, como si estuviera sopesando en su interior si valdría más la pena ser libre que ser leal.
Por esos pequeños encuentros me di cuenta que a Romualdo le gustaba mucho Rosana. En cuanto podía se pasaba horas y horas en el balcón, mirando como ella tomaba el sol unos pisos más abajo. Por supuesto, se sabía observada, pero tenía la suficiente picardía para hacerse la ignorante. Le gustaba dejarse mirar, paladear sentirse añorada y, supongo, vivir esa sensación platónica que la convertía casi en reina.
Y es que en realidad Romualdo tenía algo de ingenuo con el género femenino. Parecía estar dotado de una gran experiencia, pero había en él cierta candidez que lo hacía manejable, y que cualquier malintencionada podría advertir con facilidad. Por eso me repateaba un poco la Rosana. Con su estilo de muñeca frágil de puticlub, me lo había engatusado de la manera más desgarrada.
A partir de entonces apenas comía ni le gustaba estar a mi lado. Buscaba la soledad y se pasaba las tardes en el balcón con la cabeza inclinada hacia abajo, mirando cómo coqueteaba en el parque con otros. Yo no entendía cómo Hilario no la tenía más en cintura, o si estaba al tanto de sus correrías, porque ella acababa siempre desapareciendo detrás de los matorrales con alguno. Y mi Romualdo se quedaba en el balcón casi llorando. Observaba con pesadumbre la puerta de la calle y luego a mí, sin ningún odio, aceptando su destino contradictorio.

Comprendí que esa situación no se podía prolongar durante mucho tiempo. Yo debía de ser más flexible. Aunque se me rompiera el alma por no verlo en casa, debía aceptar su naturaleza y, si quería mantenerlo a mi lado, dejarle un margen de libertad. Al fin y al cabo conmigo tendría comida y cobijo. Siempre volvería a mi lado. Yo era su diosa, poseedora de su destino, y ninguna golfa callejera me iba a derrocar. Dejarse llevar por sus instintos lo haría volver a mí, incluso más dócil.
Una tarde que estaba mirando hacia el parque lo llamé. Le abrí la puerta sin decir nada. Sostuvimos un momento las miradas aunque él enseguida bajó la suya. Lo había entendido. Cruzó la puerta con lentitud, volviéndose para saber si lo iba a llamar en el último momento. No lo hice. Él bajó con solemnidad las escaleras, aunque yo sé que el último tramo lo hizo corriendo.
Me daba igual que estuviera con Rosana. Ella lo haría sufrir antes de entregarse a él. Pero aún así aquella misma noche volvería.
Y lo hizo. Cansado, con la respiración entrecortada y, me cuesta decirlo, feliz. Yo hice como si no notara ningún cambio en su vida. Sin apenas hablarle, le puse la cena que amorosamente había hecho para él. Esas eran mis armas. Ya que no le podía despertar grandes pasiones, lo ganaría por los pequeños detalles de la vida cotidiana. Siempre tendría su comida a punto, sin recibir a cambio ninguna queja ni ningún sermón. Y además, eso me encumbraba aún más. Yo era su diosa, por lo tanto, estaba muy por encima de esas pasiones suyas.
Lo de Rosana le duró poco. Todo el frenesí se convirtió en comodidad. Ella le despertó el deseo de conocer la vida. Y a pesar de que esto le favoreció en un principio, luego se le volvió en contra. El fiel amante dejó de serlo, de suspirar durante horas desde el balcón, y ella se convirtió en la vecina con un culo soberbio y siempre accesible.
Hasta cierto punto me alegré. Ya era hora de que se le bajaran los humos a esa perra, simulacro de nena de gánster de los cincuenta. Pero, como contrapartida, alguna noche se las pasaba fuera de casa. Incluso a veces desaparecía durante tres o cuatro días. Empecé a dudar si yo realmente era su diosa. Me hizo pasar momentos muy angustiosos. ¿Le habría pasado algo? ¿Aparecería en la puerta de cualquier otra de la misma manera que había aparecido en la mía? Sobre todo este último pensamiento me torturaba.
Afortunadamente siempre volvía cansado y cabizbajo. Yo le reñía y lloraba y él escuchaba silenciosamente, indicándome que lo sentía mucho, pero que aún así lo volvería a hacer. Al final todo quedaba en un susto, unas cuantas lágrimas y la consabida reconciliación y, al día siguiente, salíamos otra vez juntos a pasear.

Ahora ya es viejo. Han pasado los años de zozobra de su juventud. Apenas mira a las hembras. Ha perdido todo el interés por ellas y lo único que parece preocuparle es la comida. Como si hubiera cambiado una pasión por otra. Eso le ha hecho aumentar de peso. Pero yo lo prefiero así, es más hogareño. Por supuesto, le siguen gustando los paseos, en especial el de la última hora de la tarde porque es el más largo. Atravesamos el parque juntos y cuando llegamos a la arboleda, él me trae algún palo asequible para llevar en su boca y yo se lo lanzo bien lejos. En cuanto lo vuelve a coger, viene hacia mí, hacia su diosa y me lo entrega como ofrenda, ladrando feliz, para que vuelva otra vez a lanzarlo.

Patricia Sánchez-Cutillas

http://www.talleresdeescrituracreativa.es
patricia@talleresdeescrituracreativa.es



domingo, 20 de marzo de 2016

Equinoccio de primavera y Taller de escritura y magia

Os pongo unas líneas sobre el equinoccio de primavera de mi libro Taller de escritura y magia. Si queréis leer más, podéis encontrar las primeras páginas en Amazon, poniendo el título y el apellido.
Y si queréis consultar talleres, lo podéis hacer en http://www.talleresdeescrituracreativa.es


El equinoccio de primavera

En la mitología griega este período corresponde a cuando Hades, el señor de los infiernos, tiene que liberar a Perséfone. Esta sube al mundo de los vivos y la tierra rejuvenece. En otras leyendas correspondía al período en el que Osiris resucita después de ser despedazado por Set; al de Dionisio, que resucita después de ser despedazado por los gigantes; y al de Jesucristo, que resucita después de ser crucificado por los romanos. Está relacionado también con el mito de Adonis, el dios del grano, en Belén, que significa casa del pan. Es, en conclusión, el período de la resurrección del dios después de morir.
Foto de Robert Kerton
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Uno de los símbolos más utilizados en Semana Santa es el huevo. El huevo, el hornazo, la mona de Pascua, como se celebra en la Comunidad Valenciana o en otros países como Estados Unidos, no es solo un elemento lúdico:

El huevo es el símbolo de aquello que aún no existe pero que contiene en su interior la esencia de la vida presta a manifestarse en cuanto se produzca la eclosión. Es igualmente las semillas, de forma que contiene a aquello que deberá germinar y crecer a partir de ella.

Demetrio Santos, Investigaciones sobre astrología.

Es lo que está sumergido en la noche, en el útero, y eclosiona. En la religión órfica se pensaba que el origen del mundo fue el huevo cósmico. En la película El corazón del Ángel, de Alan Parker (1987), una de las escenas más famosas es cuando Robert de Niro, que interpreta al diablo, se come un huevo.

La primavera ha sido una estación muy inspiradora para obras literarias.  Valle Inclán escribió sus Sonatas, cuatro obras referentes a cada estación: Sonata de primavera, Sonata de verano, Sonata de otoño y Sonata de invierno.
En el cine Eric Rohmer hizo cuatro películas cada una basada en una estación. Cuento de primavera, Cuento de verano, Cuento de otoño y Cuento de invierno.


Una de las escenas de la película Calle Mayor (1956), de Juan Antonio Bardem, se desarrolla durante la procesión de Semana Santa. Es un encuentro de todo el pueblo y la escena contribuye a mostrar la sociedad recoleta y provinciana. La historia es una crítica a una mentalidad mezquina que condenaba al ostracismo a las mujeres solteras. La película nos muestra lo muerta que está la espiritualidad. La forma de divertirse de la gente consiste en humillar al prójimo.

                                                     
Taller de escritura y magia, Patricia Sánchez-Cutillas

martes, 15 de marzo de 2016

Los dioses de cada hombre

Los dioses de cada hombre es un libro interesantísimo. Su  autora, Jean Shinoda Bolen nos dice:

 Este libro presenta a los hombres y a la psicología masculina bajo una visión diferente. Al beber de las fuentes de la mitología y de la teología he descubierto que la actitud patriarcal de hostilidad hacia los hijos es muy evidente. Esta misma actitud está también presente en la teoría psicoanalítica. Describo el efecto del antagonismo y rechazo paternal de la psicología masculina en el capítulo dos. “Padres e hijos: los mitos nos hablan del patriarcado”. Este capítulo incorpora las visiones de la psicoanalista Alice Miller, que señala que el mito de Edipo comienza con el intento del padre de asesinar a su hijo. En cualquier familia o cultura en la que los hijos sean vistos como amenazas para el padre y sean tratados como tales, la psique de un hijo y el clima cultural se verán negativamente afectados. Estoy presentando una nueva perspectiva psicológica. Además, Los dioses de cada hombre es una psicología de los hombres que considera importante el impacto de la cultura en el desarrollo de los arquetipos.

Os animo a leerlo. Entenderéis muchas cosas sobre vosotros mismos o sobre otras personas cercanas. Y, si os gusta escribir, es una fuente muy interesante para crear personajes masculinos.

Patricia Sánchez-Cutillas http://www.talleresdeescrituracreativa.es