viernes, 18 de septiembre de 2015

Taller de escritura: Pon un punto morboso a tus personajes



Hola, aquí te pongo unas páginas de mi libro ¿Te gusta escribir? Espero que te dé ideas para construir tus personajes.

CAPÍTULO II Pon un punto morboso a tus personajes

En este capítulo vamos analizar varios personajes universales para aprender luego a crear los propios.

Sherlock Holmes cogió la botella del ángulo de la repisa de la chimenea, y su jeringuilla hipodérmica de su pulcro estuche de tafilete. Insertó con sus dedos largos, blancos y nerviosos, la delicada aguja, y se remangó la manga izquierda de la camisa. Por un instante sus ojos se posaron pensativos en el musculoso antebrazo y en la muñeca, cubiertos ambos de puntitos  y marcas  de los innumerables pinchazos. Finalmente, hundió en la carne la punta afilada, presionó hacia abajo el delicado émbolo y se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el sillón forrado de terciopelo y exhalando un profundo suspiro de satisfacción.
Durante meses había presenciado esta operación tres veces al día.

Arthur Conan Doyle, El signo de los cuatro


Lo más interesante de las obras de Arthur Conan Doyle es el personaje. El estilo puede gustar o no acabar de convencer, pero creó un personaje inolvidable, cuyo perfil casi todo el mundo conoce. La silueta del detective de pipa y lupa la tenemos impresa en nuestras mentes, a pesar de que estas obras se escribieron hace más de un siglo.
El escritor trazó de forma muy minuciosa a este personaje. Sherlock es un detective inteligente, sagaz, petulante, eficaz, utiliza métodos racionales y deductivos, supera con creces la inteligencia del narrador Watson, toca el violín y es cocainómano y misógino. Posee una parte luminosa y útil para la sociedad, pero no carece de otra sombría y destructiva.
 Leamos el siguiente párrafo también del mismo libro. Son palabras de Sherlock Holmes, palabras que dotan de alma al personaje. En el párrafo anterior, Watson le ha expresado a  Sherlock su disgusto cuando lo ve inyectarse cocaína. Esta es la respuesta de Sherlock:

Mi mente se subleva ante el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme usted trabajo. Déme los más obtusos criptogramas o los más intrincados análisis  y entonces me encontraré en mi ambiente. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero odio la aburrida monotonía de la existencia. Deseo fervientemente la exaltación mental.

También tenemos a otro personaje inolvidable y diferente al anterior: Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
A Bernarda no le estimula el desafío intelectual, no vive buscando la novedad. Su lucha cotidiana consiste en la implantación de lo antiguo, de la tradición, del luto, en no permitir que los demás puedan murmurar sobre ella o sobre alguna de sus hijas. A esta mujer, a la que se le acaba de morir el marido y que no derrama ni una sola lágrima delante de los demás, lo que le obsesiones es conseguir que sus hijas actúen como ella, con la misma disciplina y dureza, negando o reprimiendo los sentimientos si es preciso. Bernarda se ve con la obligación de tomar el papel, tal y como se entendía en aquella época, de hombre de la casa, el de defensor del honor; y al hacerlo niega a sus hijas lo maternal y la receptividad. Es un personaje que intenta imitar la fuerza masculina, pero una fuerza mal entendida ya que se basa en el miedo al qué dirán, y lo único que consigue es actuar con crueldad.

Bernarda, por ser un personaje de una obra de teatro, se da a conocer por medio de sus palabras, por la forma en la que actúa y por el miedo que le tienen el resto de los personajes.
Vamos a leer a continuación el final de la obra de García Lorca. Adela, la hija pequeña, ha cometido un pecado imperdonable en ese marco social: sin estar casada, ha mantenido relaciones sexuales con un hombre, Pepe, que además es el prometido de su hermana mayor. Bernarda le dice que lo ha matado y Adela entra en una habitación y se ahorca. Estas son las palabras que Lorca pone en boca de Bernarda al descubrir que su hija ha muerto:

BERNARDA.—¡Descolgarla! ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como una doncella. ¡Nadie diga nada! Ella ha muerto virgen. Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas.
MARTIRIO.—Dichosa ella mil veces que lo pudo tener.
BERNARDA.—Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) ¡Las lágrimas cuando estés sola! Nos hundiremos todas en un mar de luto. Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

Bernarda es la mujer que no se permite sentir y que no permite que los demás sientan. Para ella sus hijas son una propiedad y si una ha roto las reglas, le hace merecedora de la muerte.

Estas son las palabras que cierran la obra. De ellas deducimos del personaje lo siguiente:

1-No siente la pérdida de su hija. La rabia y el miedo son más fuertes que el amor materno. No existe el amor en la vida de Bernarda.
2. Es un personaje déspota y manipulador, porque no quiere que sus otras hijas lloren por la hermana muerta, quiere controlar sus emociones. Y a la vez de déspota sabemos que es terriblemente débil por el miedo que siente al escándalo.
3-No se siente culpable por haber provocado el suicidio de su hija. Su código de ideas es más importante que la afectividad. Lo único que le importa es la reputación de su hija y, como consecuencia, la de su familia.
 Otro gran personaje de la Literatura es Satanás de El paraíso perdido, de Milton. Milton era un hombre muy religioso y escribió una obra donde contaba cómo Satanás se rebela contra Dios y cómo hiere a Dios causándole daño a través de lo que más ama: el hombre. En las escenas donde habla del Ángel Caído, el ángel que se rebela por la libertad, Milton, a pesar de su puritanismo, se entusiasmó y creó un personaje bello y majestuoso.

Mas ya, en el fuego líquido estribando,
De pie se pone el infernal Gigante,
A un elevado monte semejante.
(…) Allí el caudillo y su lugarteniente
Belzebuth, que de cerca le ha seguido,
El vuelo paran y concordemente
La nueva libertad de haber salido
Del lago ardiente aplauden, cual si fueran
Deidades que a sus fuerzas la debieran.

Y no solo lo construye soberbio, sino que a lo largo de la obra va evolucionando y pone de relieve sus dotes de buen estratega.

Así el astuto Belzebuth procura
Persuadir que se adopte el plan maligno,
De la invención de su Monarca digno,
Que en su arenga lo había indicado.

Y Milton, cuando lo tiene que convertir en serpiente para engañar a Eva, no duda en humanizarlo.

¡Oh, vergüenza! ¡Oh, disfraz el más ajeno
De un ser rival de Dios! ¡Yo que he podido
alborotar del cielo los confines
(…) reducido a esconderme en el inmundo
Cuerpo de una serpiente (…).

Milton el artista se enamoró de su personaje Satanás. Creó un personaje inteligente, amante de la libertad y un gran estratega. Lo humanizó, lo degradó a serpiente y ahí reside uno de los mejores elementos de El paraíso perdido. Milton el artista no puede dejar de sentir pasión por el personaje que moralmente censuraba como puritano.

¿Te gusta escribir?, Patricia Sánchez-Cutillas

jueves, 17 de septiembre de 2015

Taller de escritura basado en Virginia Woolf


http://www.talleresdeescrituracreativa.es
Virginia Woolf nació en Londres en 1882 en época victoriana.
El origen familiar marcó su destino como escritora. Su padre fue Lesley Stephen y procedía de la alta burguesía de una familia que valoraba mucho la cultura y lo intelectual. Por entonces la educación estaba negada a las mujeres, pero Virginia pudo formarse  gracias a la biblioteca de su padre.
Stephen se casó con la hija del escritor Thackeray, pero esta murió pronto.
La madre de Virginia, Julia, tuvo tres hijos y también enviudó. Stephen y Julia se conocieron y se casaron. Del matrimonio, al que ella aportaba tres niños, nacieron cuatro más: Thoby, Vanessa, Virginia y Adrian.
A la casa acudían con frecuencia las tías por parte de la familia Thackeray. Eran mujeres avanzadas para su época y algunas de ellas ejercían profesiones liberarles y artísticas.
 Cuando Virginia tenía nueve años, ella y su hermano Thoby hicieron un periódico.
Virginia recibió una herencia muy intelectual y artística y un modelo femenino diferente al que correspondía por su época. Sabemos que no pudo estudiar en el colegio por ser mujer, pero puede que tuviera profesor de griego. Su padre le daba los libros  y a los dieciséis años tuvo total libertad para elegir las obras que quisiera leer. Esto era algo inaudito para una joven en aquella época. Cuando llegó a la edad universitaria, vio con frustración como su hermano Thoby por ser hombre podía ir a la universidad, camino que a ella le estaba vedado.
A los trece años su madre murió. Virginia estaba muy unida a ella y tuvo su primera crisis nerviosa. Hoy en día se cree que pudo ser un trastorno bipolar. No sé sabe muy bien la causa del trastorno, quizá la muerte de su madre. En algún momento ella acusó a sus hermanastros mayores de cometer abusos sexuales con ella. Algunos biógrafos ven en ellos las causas.
No se sabe muy bien en qué consistían estas crisis nerviosas. Virginia sufría taquicardias y una gran culpabilidad, perdía la cordura. Aseguraba que los pájaros hablaban en griego, pronunciaba parrafadas con palabras obscenas y veía al rey Eduardo VII escondido en el jardín; se negaba a comer y era violenta con sus enfermeras porque estaba convencida de que la querían envenenar. Aunque en muchas de sus convalecencias, en el período final de su crisis se enamoró de alguna de ella.
En la madurez sus crisis nerviosas solían coincidir con el final de sus novelas. Puede que fuera por un esfuerzo intelectual excesivo y los nervios anteriores a los comentarios de la crítica.
Se cree que Leonard Woolf, cuando se casó con ella, no conocía estas crisis nerviosas y la primera vez le cogió por sorpresa. Una vez pasada la primera, en cuanto él veía que llegaban los primeros síntomas, intentaba que descansara.
Cuando a los trece años murió su madre, el padre se sumió en una triste melancolía. Su hermanastra Stella tomó las riendas de la casa. En el hogar de Virginia todo cambió para mal. Leslie tenía una dependencia absoluta de su mujer para los asuntos de la casa y de los niños, mientras él estaba inmerso en el trabajo intelectual.
Stella se casó y se instaló enfrente de la casa de su familia. Pero al volver del viaje de bodas, murió. El padre se deprimió aún más y desahogaba su mal humor con Vanessa, la hermana más cercana a Virginia.
Pocos años después, el padre murió. Los cuatro hermanos menores se trasladaron de barrio. De Hyde Park Gate se fueron a Bloomsbury. En aquellos tiempos simbolizaba que se cambiaban a una zona de menor categoría. Se piensa que lo hicieron con intención de quitarse de encima las continuas visitas que recibían en su anterior domicilio.
Thoby, que por entonces iba a la universidad, decidió crear una tertulia los jueves por la noche en su casa. De este modo Vanessa y Virginia pudieron conocer a contertulios bastante interesantes. Con el tiempo, varios miembros de esa tertulia alcanzarían la fama como Lytton Starchey, Leonard Woolf, Clive Bell que se casó con su hermana, o Bertrand Russell, el filósofo. De esas tertulias nació el grupo Bloomsbury.
 Virginia empezó a trabajar como escritora en varios periódicos y como crítica literaria. Después recibió una herencia de su tía y con esa renta pudo dedicarse a escribir lo que le gustaba.

Hasta entonces me había ganado la vida mendigando trabajillos en los periódicos, informando sobre una exposición de asnos o una boda; había ganado algunas libras escribiendo sobres, leyendo a ratos para viejas señoras, haciendo flores artificiales, enseñando el alfabeto a niños pequeños en un kindergarten. Éstas eran las principales ocupaciones permitidas a las mujeres antes de 1918.

Una habitación propia, Virginia Woolf


En 1909  Lytton Starchey se le declaró. Virginia, aún conociendo que él era homosexual, aceptó. Pero al final él se retractó.
Leonard trabajaba en el extranjero para el gobierno. Pero volvió dos años después porque estaba interesado en Virginia.
En agosto de 1912, cuando Virginia tenía treinta años se casó con Leonard.
El matrimonio se instaló en Hogarth House y allí montó una editorial. Fue algo muy positivo para Virginia que no tuvo que depender de las editoriales y pudo publicar allí sus obras. La editorial supuso siempre una fuente de satisfacciones. Publicaron también muchas obras del grupo Bloomsbury. Siempre les reportó bastante dinero y éxito y permitió a Virginia no tener que someterse a la planificación ni a las expectativas de otras editoriales.
En su Diario está recogido un momento en el que una editorial le pide una obra por encargo:

¿No acabo de escribirle a Herbert Fisher negándome  a hacer un libro para la serie de Home University sobre la época postvictoriana? ¡Y eso sabiendo que puedo escribir un libro, un libro mejor, un libro de mi propia cosecha, para la editorial que yo quiera! La sola idea de medrar a la sombra de esos petimetres de universidad hace que se me hiele la sangre en las venas. Así es, soy la única mujer de Inglaterra libre de escribir lo que le plazca.


Y en la próxima publicación analizaremos la obra Una habitación propia.

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patricia@talleresdeescrituracreativa.es

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Acertijo literario

ACERTIJO LITERARIO.
¿Quién es este personaje?


Está desmadrada.
Se le da muy bien el arte y la guerra.
Nació porque alguien le dio un hachazo en la cabeza  a su padre.
Siempre ponen su nombre a instituciones culturales.
Su mascota es un ave de presa.
Le encanta dormir la siesta bajo los olivos.


patricia@talleresdeescrituracreativa.es
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Solución: Atenea

© Patricia Sánchez-Cutillas



Franz von Stuck